Si estás aquí es porque probablemente te han diagnosticado lipedema o sospechas que lo padeces. Sabemos que el camino puede ser frustrante y doloroso, pero queremos que sepas algo fundamental: no estás sola y hay formas de recuperar tu movilidad y calidad de vida.

El lipedema es una enfermedad crónica del tejido adiposo que suele afectar piernas y brazos. Aunque a veces parezca que el movimiento es nuestro enemigo por el dolor o la pesadez, la actividad física es, en realidad, uno de tus mejores aliados terapéuticos.

¿Por qué es vital el ejercicio en el tratamiento del lipedema?

A diferencia de la grasa común, la grasa del lipedema no desaparece simplemente con dieta, pero el ejercicio cumple funciones críticas que van mucho más allá de las calorías. Mantenerse activa ayuda a gestionar los síntomas y frena la progresión de la enfermedad.

Mejora del flujo linfático y circulatorio

El movimiento actúa como una bomba natural para tu sistema linfático. Al ejercitar tus músculos, estos presionan los vasos linfáticos, ayudando a drenar el exceso de líquido y reduciendo la sensación de pesadez e inflamación en las extremidades.

Reducción del dolor inflamatorio

Aunque resulte contradictorio, el ejercicio de bajo impacto ayuda a liberar endorfinas y a reducir los marcadores inflamatorios en el tejido adiposo. Esto se traduce en una disminución de la sensibilidad al tacto y del dolor espontáneo típico del lipedema.

¿Qué tipo de actividad física es más recomendable?

No todos los ejercicios son iguales para una paciente con lipedema. Lo ideal es buscar actividades de bajo impacto que no sobrecarguen las articulaciones ni generen microtraumatismos en el tejido adiposo:

  • Actividades acuáticas: La natación o el aquagym son los ejercicios estrella. La presión hidrostática del agua actúa como una media de compresión natural, facilitando el drenaje sin impacto.
  • Marcha nórdica (Nordic Walking): Gracias al uso de bastones, se activa el tren superior y se reduce la carga en las rodillas, mejorando la postura y la coordinación.
  • Entrenamiento de fuerza controlado: Desarrollar músculo ayuda a sostener mejor el tejido graso y acelera el metabolismo basal, fundamental para evitar el aumento de grasa no lipedémica.
  • Yoga o Pilates: Excelentes para la flexibilidad, el control de la respiración y la reducción del estrés, factor que suele empeorar los brotes de inflamación.

Consejos clave para empezar a moverte hoy

Antes de lanzarte a una rutina intensa, recuerda que la clave es la constancia y la escucha activa de tu cuerpo. Aquí tienes unas pautas básicas:

1. Usa tus prendas de compresión: Salvo en el agua, realiza siempre ejercicio con tus medias de compresión de tejido plano para proteger tus tejidos.
2. Hidratación constante: Mantener el cuerpo hidratado es esencial para que el sistema linfático funcione correctamente.
3. Consulta con especialistas: Un fisioterapeuta especializado en linfedema/lipedema puede diseñarte un plan a medida que evite lesiones.

Hacer del ejercicio una parte integral de tu tratamiento no solo mejorará tu salud física, sino que elevará tu autoestima y bienestar emocional. ¡Cada paso cuenta en este proceso de autocuidado!