¿Por qué el ejercicio es clave si tienes lipedema?

Vivir con lipedema no significa renunciar al movimiento. Aunque la pesadez y el dolor en las extremidades puedan ser frustrantes, la actividad física adecuada es una herramienta terapéutica poderosa. El objetivo no es eliminar la grasa lipedémica mediante el esfuerzo —ya que esta es resistente a las dietas y el ejercicio tradicional—, sino mejorar el flujo linfático, fortalecer la musculatura y reducir la inflamación crónica.

Antes de comenzar, recuerda que cada cuerpo es único. Es fundamental contar con la guía de un profesional para adaptar estas recomendaciones a tu caso específico y grado de afectación.

1. Natación y actividades acuáticas: El aliado perfecto

El agua es el entorno ideal para tratar el lipedema. La presión hidrostática actúa como una media de compresión natural, favoreciendo el retorno venoso y linfático de forma suave y constante.

  • Beneficios: Elimina el impacto en las articulaciones y reduce la sensación de pesadez de inmediato.
  • Cómo empezar: Prueba con natación suave, aquagym o simplemente caminar en el agua durante 15-20 minutos.

2. Caminata consciente y Marcha Nórdica

Caminar es una forma sencilla de activar la bomba muscular de la pantorrilla. Si buscas un beneficio extra, la marcha nórdica es excelente, ya que el uso de bastones involucra la parte superior del cuerpo y mejora la postura corporal.

Consejos para caminar con éxito:

  • Usa calzado con buena amortiguación para proteger tus articulaciones.
  • Es altamente recomendable realizar la actividad con tus medias de compresión puestas para optimizar el drenaje.
  • Aumenta el tiempo progresivamente, empezando por paseos de 10 minutos.

3. Pilates: Control y fuerza central

El Pilates se centra en el control del core (centro del cuerpo) y la flexibilidad. Al realizarse muchos ejercicios en posición tumbada o sentada, se reduce la presión gravitatoria sobre las piernas, facilitando el ejercicio sin dolor.

Un instructor con experiencia en lipedema podrá ayudarte a evitar posturas que comprometan el sistema linfático y a potenciar aquellas que favorecen la movilidad articular.

4. Yoga y respiración diafragmática

El yoga combina el estiramiento miofascial con la respiración profunda. Esta última es vital, ya que el movimiento del diafragma actúa como un motor para el sistema linfático profundo. Las posturas de inversión suave (como elevar las piernas contra la pared) son altamente efectivas para aliviar la inflamación al final del día.

5. Entrenamiento de fuerza adaptado

Contrario a lo que se pensaba antiguamente, el entrenamiento de fuerza es beneficioso. Un músculo tonificado ayuda a que el sistema linfático funcione con mayor eficiencia. La clave es realizar ejercicios de resistencia moderada, evitando el agotamiento extremo o cargas que provoquen una inflamación excesiva.

Recomendación final: Escucha a tu cuerpo. El ejercicio para el lipedema no debe ser un castigo, sino un acto de autocuidado para mejorar tu calidad de vida y movilidad.